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La reforma al 24 constitucional violenta el Estado laico

Significa, además, terminar con las libertades


El pasado primero de febrero, el Foro Cívico México Laico realizó una manifestación para exigir al Senado de la República rechazar la reforma al artículo 24 constitucional en materia de libertad religiosa por considerar que violenta el Estado laico y da privilegios indebidos a la Iglesia católica.

Encabezaron la ceremonia, celebrada en el Hemiciclo a Juárez de la ciudad de México, Beatriz Pagés, directora de la revista Siempre!, Roberto Blancarte, especialista en religiones; Humberto Musacchio, escritor y periodista, el presidente del Foro, Leonardo Vega Rangel —está al lado de la directora— y al lado de Musacchio, Jorge Lee Galindo, representante de la Red Latinoamericana de Abogados Cristianos en México.

También se realizaron manifestaciones simultáneas en Guadalajara, Tijuana, Oaxaca, Veracruz, Puebla y Baja California, por integrantes del Foro Cívico México Laico.

A continuación, se reproduce el discurso de la periodista Beatriz Pagés.    

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Es necesario aclarar que este no es un acto antirreligioso. Quienes estamos aquí no creemos ni apoyaremos nunca la persecución religiosa.

Lo que sí venimos a decir y a denunciar es que existe una cruzada, una evidente complicidad entre el alto clero católico y la derecha en el poder, para exterminar el Estado laico.

El fin del Estado laico significaría, ahí sí, el fin de las libertades. Incluso, el fin de la libertad de religión.

La reforma al artículo 24 constitucional, aprobada el 15 de diciembre del año pasado en la Cámara de Diputados, no tuvo el alcance ni la dimensión jurídica que la aristocracia eclesiástica y los sectores más conservadores esperaban.

Sin embargo, debemos advertir que el riego persiste. La aprobación de esta reforma en el Senado significaría abrir la puerta a otras modificaciones a la ley y el regreso a un Estado donde la Iglesia y no la sociedad; donde el dogma y no la ciencia impondrían autoritariamente sus creencias y formas de vida.

Los mismos que hoy dicen encabezar una democracia son los que hacen desaparecer las garantías individuales, son los que utilizan la ley con fines electorales y son los que gobiernan a la manera de una dictadura que busca, en aras de una supuesta libertad de religión, vulnerar la equidad que debe existir entre todas las creencias.

Es evidente que la intención es conceder no sólo privilegios jurídicos, sino privilegios económicos y políticos a quienes pretenden gobernar desde el altar.

Esta ya no es la hora de los monopolios. México ya no necesita más monopolios, ni económicos, ni políticos, ni espirituales. La concentración del poder ya pasó de moda. Hoy, la base de la democracia, es el respeto, y no sólo la tolerancia, a la diversidad.

Que tampoco nos confundan: las iglesias no tienen la exclusiva de la ética; no tienen la exclusiva de la defensa de los principios, de los valores, de la moral.

Hay más hombres y mujeres morales, mejores mexicanos en las calles que en la oscuridad de los templos.

Decía que los argumentos para defender la libertad religiosa son engañosos. ¿Por qué? Porque la libertad para ser libertad tiene que tener necesariamente límites. La libertad no es apetito, no es capricho, no es abuso del fuerte sobre el débil.

Y eso lo sabe perfectamente Joseph Ratzinger, el papa Benedicto XVI, quien ha desarrollado en diferentes textos el concepto de relativismo para criticar el relajamiento ético y moral que existe en  la sociedad moderna.

El  poderoso Estado vaticano tiene sus propias leyes, y si allá la Iglesia es dueña y señora, aquí, en México, tendrá que sujetarse a una Constitución democrática y liberal, emanada de la soberanía popular, que garantiza el mismo trato a todos: sean católicos, protestantes, evangélicos, judíos, budistas, agnósticos o ateos.

En los crímenes como en las reformas constitucionales cabe hacer la siguiente pregunta: ¿a quién se pretende beneficiar? ¿A la sociedad o a la alta jerarquía eclesiástica?

El contexto en el que se dio la presentación y aprobación del artículo 24º nos dice que esta reforma respondió a presiones y chantajes. Que se buscó aprovechar el proceso electoral del 2012 para obligar a los partidos a intercambiar una reforma por apoyo y bendiciones desde los púlpitos.

A mí, en lo personal, me gustaría ver a una Iglesia más preocupada por los índices de pobreza, por la crisis alimentaria, por la violencia y el desempleo, que por conquistar espacios de poder.

Porque ese es exactamente el auténtico espíritu de esa cruzada que busca minar el Estado laico mexicano: ambición por el poder.

Si no fuera así, no existiría, como existe, una corriente que se opone a consolidar la separación Iglesias-Estado en el país. Que se ha opuesto y se sigue oponiendo a la reforma del artículo 40 de la Constitución que un grupo de ciudadanos presentamos en la Cámara de Diputados, que fue aprobada en febrero de 2010 y que está pendiente de aprobación en el Senado de la República.

Con esta reforma se busca definir de una vez por todas que los mexicanos nos hemos dado como forma de gobierno una república representativa, democrática, federal y laica.

¿Por qué insistir? Porque queremos un país verdaderamente libre, respetuoso de todas las creencias, convicciones filosóficas o religiones. La muerte del Estado laico es la muerte de la libertad; sin embargo, hay quienes hoy trabajan para cavar su tumba.