Brillante trayectoria del barítono mexicano
Otorgan a Roberto Bañuelas
la Medalla de Bellas Artes
Mario Saavedra
Una de las carreras más significativas de nuestro medio operístico nacional, la brillante trayectoria del barítono mexicano Roberto Bañuelas ha estado signada por el reconocimiento internacional. Con un timbre privilegiado, destacó en otros importantes teatros del extranjero porque supo reconocer sus enormes facultades innatas y así llevarlas al nivel de excelencia que exigen esos grandes circuitos del belcanto.
Pero el talento de este ejemplar artista no sólo ha brillado en el terreno de la música por su formación panorámica y por una lúcida comprensión de los muchos conocimientos que en ese inagotable universo debe abarcar un cantante de sus dimensiones, sino que además se ha prodigado en otros muchos saberes que lo describen como un auténtico humanista de nuestro tiempo.
Dotes singulares y atípicas
Desde su debut en Bellas Artes hace ya cinco décadas, en una producción de La Bohemia que acompañó otras magníficas puestas de algunos títulos más del en ese año conmemorado Giacomo Puccini, este espléndido barítono camarguense reveló dotes tan singulares como atípicas.
No está de más decir que este destacado discípulo del maestro Angel Esquivel salió a la luz profesional en una época en que nuestro máximo espacio de las artes escénicas recogía a lo más granado del belcanto mundial, y con muchas de esas grandes leyendas compartió el escenario en igualdad de circunstancias.
Después de consolidarse en México como una de nuestras más completas y estables voces en su tesitura, Bañuelas se aventuró a conquistar algunos de los espacios más exigentes y competidos de la lírica europea como Berlín, Hamburgo o Munich. Barítono-bajo que a lo largo de su carrera profesional cubrió un vastísimo repertorio, en tan diversas líneas de canto en las cuales sus formidables dotes tanto vocales como interpretativas hicieron escuela, por el color de su timbre, por la extensión de su voz, por su capacidad interpretativa, por su depurada técnica y por su exquisita musicalidad, entre otros muchos méritos artísticos, ha podido de igual modo consentir otras no menos demandadas especialidades del canto como el lied o el oratorio.
Por estas y muchas otras razones, por cuanto hablamos de un artista cuya vena creativa se ha extendido con similares talento y fortuna a las áreas de la composición musical, de la escritura y la plástica, el maestro Bañuelas dignifica y enriquece la gloriosa nómina de los Titta Ruffo, los Ettore Bastianini, los Leonard Warren, los Tito Gobbi, los Giuseppe Taddei, los Robert Merril, los Rolando Panerai, los Dietrich Fischer-Dieskau (otro caso insólito en la historia de la música), los Piero Cappuccilli, los Hermann Prey.
Primerísima voz
Notable en los roles estelares para su tesitura de clásicos del repertorio operístico como Las bodas de Fígaro y La flauta mágica de Mozart, o Lucia de Lammermmor de Donizetti, o El Barbero de Sevilla de Rossini, o La Traviata y Un baile de máscaras y Otelo y Don Carlo de Verdi, o Payasos de Leoncavallo, o Tosca y La Bohemia de Puccini, o Andrea Chenier de Umberto Giordano, o Fidelio de Beethoven, entre otros muchos papeles con los cuales triunfó en México y en el extranjero, Bañuelas accedió al mucho más selecto mundo de la discografía operística.
En este terreno tuvo la enorme fortuna de figurar entre las primeras voces que realizaron en 1976, bajo la batuta del egregio Eugen Jochum al frente de la Orquesta de la Opera Alemana de Berlín, para el prestigiado sello Deutsche Grammophon, una celebérrima grabación de Los Maestros Cantores de Nuremberg de Wagner, compartiendo créditos con Fischer-Dieskau, Christa Ludwig y Plácido Domingo, y este y otros registros están considerados ya entre los de antología por la calidad de su reparto y el sonido conseguido por sus respectivos directores al podio.
Acreedor a la Medalla de Plata del Club de la Opera y Medalla Mozart, entre otros muchos reconocimientos a su extraordinaria carrera como cantante pleno y también como maestro visionario de ya varias generaciones de cantantes, ya sea en la Escuela Nacional de Música o en sus master class, Roberto Bañuelas ha dejado en sus alumnos una huella imborrable.
Otro tanto habrá que decir de su legado como compositor de varios ciclos de canciones y otras formas diversas para proyección y brillo, o sus mucho más elaboradas óperas en torno al clásico de la tragedia griega, de la Orestiada de Esquilo, de las que ya ha estrenado los dos primeros títulos: Agamenón y Las Coéforas.
Justo reconocimiento
Una de las máximas figuras en la ya larga y meritoria historia operística de nuestro mayor templo de las expresiones escénicas, el maestro y humanista Roberto Bañuelas ha sido reconocido ahora, con toda justicia, preciosamente con la Medalla de Bellas Artes. Honor a quien honor merece, nos congratulamos una vez más con que se reconozca en vida a nuestros más meritorios artistas y maestros, en este específico caso a quien por su profesionalismo y su dedicación ha sido ejemplo de amor y respeto a la buena música y al canto de altura.
¡Enhorabuena!