La Bandida, poderosa madame en la historia de México

Sección:Cultura hoy mañana y siempre Fecha:6 octubre, 2012
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Enrique Rajchenberg S.

Sospecho que cuando Magdalena González Gámez me invitó a participar en esta presentación y acepté, no medí lo que mi respuesta entrañaba, porque ni bien colgué el auricular me acordé que nunca antes yo había hablado públicamente de una novela. Soy un ávido lector de novelas y las comento con mis amigos y colegas entre cuatro paredes y en voz baja para que los menos posibles oigan mis opiniones plebeyas y poco doctas acerca de la literatura. Así que cuando finalizó mi conversación telefónica con Magdalena caí en un estado de catatonia semejante al que padeció Marina Aedo, La Bandida, durante su vida en varias dramáticas ocasiones.

Superado ese trance, medité sobre lo que podría decir hoy por la tarde. Ya les dije que no soy crítico literario, no estudié Letras Hispánicas en la UNAM ni en la Ibero ni en ninguna otra universidad. Sé algo de historia de México o por lo menos eso dice un documento que expidió la UNAM.

Tal vez  por esa razón, hace alrededor de dos años, Magdalena me entregó un anticipo muy breve de la novela de lo que terminó siendo el capítulo “Cheers” que relata la entrevista entre La Bandida y Al Capone en Puerto Peñasco, Sonora. Es el mismo texto que ofreció a Random House como botón de muestra de lo que terminó siendo La Bandida, la meretriz más poderosa de la historia de México[i]. Cuando la editorial le dio luz verde, lo celebramos en una cervecería con varios amigos en la calle Filomena Mata.

A partir de ese momento, fui recibiendo sucesivos capítulos que, por supuesto, capturaron mi curiosidad por saber cómo continuaría el relato. Los discutimos, hablamos de la época revolucionaria y posrevolucionaria, de sus héroes y antihéroes, de los personajes reales e imaginarios que iban desfilando a lo largo de la novela.

Hasta hace pocos días volví a leer de un jalón La Bandida, una novela donde, en los hechos, hay tres protagonistas que son uno sólo: Marina Aedo, La Bandida y Graciela Olmos. Pero en ello no hay ningún misterio de la fe como en la Santísima Trinidad de la doctrina católica. Así  sucede con todos los individuos cuya vida se ve súbitamente atravesada por un cataclismo social como lo puede ser una revolución. Lo que parecía estar trazado como una trayectoria lineal de vida, conoce una inflexión radical.

En efecto, Marina Aedo, hija de un hombre de campo norteño con una existencia que se debate en los límites de la precariedad y la subsistencia mínima, sufre los embates de la marejada rebelde del norte mexicano. Queda huérfana, es amparada por un matrimonio de españoles comerciantes, enviada a un internado de monjas, se casa con un general villista y queda viuda en 1915. Estos avatares calzan magníficamente con lo que el historiador Luis González y González llamó “los revolucionados”. Decía don Luis que “la mayoría de la población se puso las manos sobre la cabeza al producirse los estallidos revolucionarios de la serie iniciada en 1910”. A éstos, proseguía, los recuerdos de los años cruciales de la Revolución le producen “chinitos en el cuerpo”. Es la memoria, concluía, de los “revolucionados” o “el pueblo municipal y espeso” que la historia académica despreció durante largo tiempo, aunque creo que ya no la ningunea. No es que la gente quisiera seguir viviendo como vivía durante el Porfiriato, agrego yo, sino que hubiera querido ver realizadas sus utopías de un mundo mejor sin padecer los dolores de una contienda armada.

Marina Aedo es una “revolucionada” y así hubiera podido seguir siendo para convertirse en un personaje similar a Jesusa Palancares de la novela de Elena Poniatowska: soldadera viuda, enclaustrada en algún pueblo del infinito Septentrión mexicano, solicitando una pensión de viudez infructuosamente a partir de los años veinte por los servicios ofrendados por José Hernández a la Patria, su marido el general villista.

La trayectoria de Marina es distinta: se vuelve, como muchos varones y casi ninguna mujer de la época, una bandida en pequeña escala, no comparable por ejemplo con José Inés Chávez en Michoacán en esos mismos años. Vaya, como dirían los modernizadores de nuestros días, un microemprendimiento pero muy exitoso, aunque con menos glamour que el de la banda del automóvil gris donde figuraba, al menos como beneficiaria, María Conesa.

Sin embargo, es la plataforma que la vuelve famosa, junto con el contrabando de alcohol y atractiva por ende a Al Capone como para llevarla al epicentro de sus negocios clandestinos, es decir, a la ciudad de Chicago.

La tercera versión de la protagonista, la que evidentemente hace que forme parte de la historia reciente de esta ciudad, es cuando se convierte en propietaria del burdel más afamado a lo largo de tres décadas. Tan afamado como que el emperador de Etiopía en visita oficial a México no resistió la tentación de conocerlo, aunque nunca sepamos con certeza qué hizo ahí adentro.

Lo fascinante en esta etapa de la que ahora se denominará Graciela Olmos es su habilidad para negociar con el poder, cortejándolo, seduciéndolo y así finalmente sortear múltiples amenazas de clausura, riñas entre grupos políticos rivales y palizas que le propinarán sicarios fascistas. En esta etapa, un hombre, al igual que en otras etapas, esta vez muy hábil y poderoso, la respalda, aunque le exige sumisión. Se trata de Garcés Vobadilla, que guarda un parecido asombroso con García Valseca, el dueño de una extensa cadena de periódicos y que ofrendó la libertad de prensa al Estado mexicano en los años cuarenta. Sí, ciertamente, tres hombres formaron parte de la vida de negocios y afectiva de La Bandida, pero con ninguno de ellos tejió una relación de mera subordinación. En otra ocasión, podremos platicar de los hombres de Graciela Olmos que es otra lectura posible de esta novela.

Mientras tanto, los invito a leer este libro porque, entre otras razones, la apuesta de Magdalena a que se diviertan en serio al leerlo, les aseguro, se cumple cabalmente.

Magdalena González Gámez. La Bandida, la meretriz más poderosa en la historia de México. México, Editorial Grijalbo, 2012.

Texto leído en la presentación del libro el 20 de septiembre de 2012.



[i]

 

Bandida
Magdalena González Gámez escribió la biografía de Graciela Olmos, la legendaria Bandida.
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