Tiburón y sardina

Sección:Articulistas, Elecciones Michoacán Fecha:3 marzo, 2012
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Petróleo en el Golfo

Marco Antonio Aguilar Cortés

Morelia.- El presidente Felipe Calderón visitó hace unos días la plataforma petrolera llamada Bicentenario, ubicada a 92 millas náuticas de Tampico; lo acompañaron sus tres menores hijos: María, Luis Felipe y Juan Pablo, al igual que funcionarios de la Secretaría de Energía y de Pemex.

Desde ese lugar, estratégico, nuestro Ejecutivo federal hizo un llamado a los integrantes de la Cámara de Senadores de nuestro país para que ratificaran lo más pronto posible el acuerdo que él ha suscrito con el gobierno estadunidense.

También aseguró desde esa plataforma que “por primera vez en 40 años México tiene una tasa de restitución, a reservas probadas, del 100%; significando, eso, que por cada barril de petróleo que se extrae tenemos ya otro que lo sustituya como reserva probada, lo que garantiza la viabilidad de Petróleos Mexicanos y el desarrollo económico del país”.

Pero si releemos los informes de Jorge Díaz Serrano, en la época que fue director de Pemex, veremos que se decía lo mismo, pero con mayor porcentaje a nuestro favor, en cuanto a nuestras enormes reservas de hidrocarburos.

Y en vista de todo lo que hemos extraído y vendido en materia de petróleo, de 1980 a 2012, la administración de Petróleos Mexicanos de la época del presidente José López Portillo no mintió, al menos en este aspecto de reservas nacionales en hidrocarburos.

Así que para comenzar, la aseveración del presidente Calderón en cuanto al comparativo de 40 años atrás es un equívoco, en el que seguramente lo hicieron incurrir quienes le proporcionaron esos datos.

Y por lo que se refiere al reciente acuerdo que ha firmado con el gobierno de los Estados Unidos de América, debe darlo a conocer, íntegro, en español, y con exactitud literal, al pueblo de México, esperando por nuestra parte que no haya nada vergonzoso que esconder en ese documento.

Por lo que toca a la responsabilidad de los senadores, no sólo debe preocuparles, sino deben de sentir la gravedad de su compromiso. Y su ratificación, de darse, no debe ser rápida, como lo pide el Presidente de la República, sino primero debe ser acertada y patriota; y, de ser así, no deben los senadores dejarse apresurar por nadie.

Desde mi punto de vista, sí es necesario un acuerdo entre México y Estados Unidos para el efecto de explotar el petróleo existente en la faja fronteriza de ambos países, tanto de mar, como de tierra, siempre y cuando los mantos de este energético en el subsuelo se ubiquen en los dos territorios, y considerando la proporcionalidad de su localización en las dos naciones.

Obvio que lo importante es el contenido de las cláusulas de dicho acuerdo, por lo que es necesario darlo a conocer a todos, a efecto de que nuestros negociadores tengan el respaldo de nuestra opinión pública, y no desempeñen el triste papel de débiles sardinas ante los tiburones inescrupulosos y voraces.

Nosotros no queremos robar a Estados Unidos. Los mexicanos no debemos permitir que se nos robe. Para una equidad con justicia, y con fundamento en nuestra carta magna y en normas jurídicas internacionales vigentes, deben tenerse en cuenta aspectos geográficos de territorialidad; históricos, que partiendo del presente tomen en cuenta el pasado y el porvenir; económicos, de precisa objetividad; políticos indiscutibles, entre otras perspectivas aplicables.

Y en lo interno, debemos analizar el problema de este energético, pues no se trata de que nuestra industria petrolera sólo sea extractora o chupadora de crudo. No deberíamos venderlo sin industrializarlo. Vender petróleo, para comprar gasolina, es tan absurdo como vender jitomate para comprar jugo de esta verdura.

Todos nos preguntamos ¿qué pasó con la refinería que se iba a hacer en el estado de Hidalgo, y que tantas confrontas tuvo por su ubicación? El sexenio está por acabarse, y nada se nos ha informado al respecto.

Lo peor que podemos hacer con el petróleo es cambiarlo por automóviles. A través de este trueque moderno repetimos el intercambio brutal de oro por espejitos. Ayer fue España la ventajosa; hoy es el capital internacional avecindado y protegido por el gobierno estadunidense.

Del petróleo se obtienen más de 3 mil derivados: medicinas, alimentos, calzado, vestidos, cosméticos, materiales de construcción, y una variedad inimaginable de bienes de uso común.

Mal planteamiento hace el gobierno federal cuando expresa que “si el Senado aprueba este acuerdo, la explotación de yacimientos fronterizos garantizará, con base en ese convenio, los derechos de México sobre su petróleo”, cuando estos derechos de México no depende de ese acuerdo, ni nacen con él.

Cuando algo se plantea mal, las consecuencias no son buenas. Y los informes que nos da el presidente Calderón no coinciden con los datos que nos proporciona Pemex. “La inversión en exploración de yacimientos petroleros era de 2 mil millones de pesos a principios de la década… hoy es de 30 mil millones de pesos…  Pemex proyecta extraer 3 millones de barriles diarios en 2017… Hoy Pemex extrae 2 millones y medio barriles diarios.”

Hasta los niños Calderón pueden con estos datos sacar conclusiones.

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