Las sombras cortas de nuestra soberanía

Sección:Articulistas, Elecciones Michoacán Fecha:10 marzo, 2012
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No perdamos la vergüenza… ni la patria

Marco Antonio Aguilar Cortés

 

Morelia.- Nos ha visitado Joe Biden, vicepresidente de Estados Unidos de América, y con educación lo hemos recibido sin mayor contratiempo, a pesar de las fundadas sospechas que despierta como calificador inicial de nuestros principales candidatos a la Presidencia de México.

Sus atribuciones legales no lo califican para que, fuera de su país, realice entrevistas con sólo tres de los aspirantes a la primera magistratura de la nación, con señalado desprecio a ese cuarto pretendiente, de quien su nombre casi nadie recuerda.

Por razones prácticas, supongo, Josefina Vázquez Mota, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador se han prestado a la entrevista con el enviado del epicentro del imperio, afectando, de alguna manera, la ya maltrecha soberanía nacional.

El periplo de Biden incluyó varios países de la América Latina, ya que después de México visitó Honduras, El Salvador, Panamá, Costa Rica y Guatemala, con variados motivos superficiales, pero con el denominador común de una próxima guerra en puerta en contra de Irán, que afectará no sólo los energéticos mundiales, sino a los seres humanos del planeta.

El abogado católico Biden, a pesar de su problema de dos aneurismas cerebrales en 1988, ha sido considerado experto en el estudio de países desestabilizados, y con inquietudes en el problema petrolero del mundo, que lo condujo a ser pieza clave en la invasión a Irak, desde su posición antañona en el Senado.

Ahora, su viaje relámpago que ha incluido preponderantemente a México tiene el propósito de asegurar, antes del problema bélico que se avecina, el vínculo amistoso con su desconfiado vecino del sur, tan sumido en la inseguridad por un crimen organizado made in USA.

Comprende el gobierno estadunidense que su incondicional amigo Felipe Calderón Hinojosa se encuentra ya en ocaso, por lo que le urge tomar el pulso a sus posibles sucesores, a través de un supuesto experto en el sondeo de personalidades.

Así, a Josefina le habló de “las mujeres ganadoras y exitosas, que ofrecen una visión de normalidad y confianza si llegan a mandatarias de un país como la primera mujer en ocupar ese cargo”.

A Enrique, quien encabeza obviamente las preferencias electorales, le reiteró que “Washington actúa sin preferencias en la elección mexicana, que no existe ningún favoritismo por candidato presidencial alguno, y que la consigna a los funcionarios del gobierno de Barack Obama es evitar cualquier encuentro que pueda suponer sospecha de apoyo”.

Para Andrés Manuel dejó asentado que “vamos a respetar la voluntad del pueblo de México, ya que tendremos una buena relación con quien triunfe”.

Cultivó al trío; y para los tres examinados aplicó el test de la inseguridad y del petróleo, asuntos clave para medir los matices de su actitud colaboradora. ¿Son de fiar, o no se les puede tener confianza?, desde la perspectiva del interés estadunidense.

Claro, todo lo anterior envuelto en sonrisas diplomáticas, cortesías de trato externo y buenos deseos con amabilidad, pero, en el fondo, el pragmatismo del interés en juego dominará la real conducta del poderoso vecino del norte, ante nuestra debilidad económica y política.

Las sombras cortas de nuestra soberanía empequeñecida nos han hecho vulnerables de nueva cuenta. Desde hace doce años los intereses representados por el gobierno gringo han sido factor a la vista en los problemas electorales de México, so pretexto de una globalización manipulada por los poderosos de la Tierra.

Biden no vino de turista a nuestro país. Su estancia en México no fue motivo de una casualidad o un accidente. El ha concluido su labor; y eso nos hace cuestionarnos sobre si nosotros hemos cumplido la nuestra.

Las autoridades electorales mexicanas, tan celosas de aplicar la veda en esta materia, qué interpretación jurídica pueden hacer de la sujeción voluntaria de los candidatos y sus partidos políticos, en esta etapa procesal, ante un enviado del gobierno de los Estados Unidos.

El examen está hecho. La calificación externa no será conocida por nosotros de inmediato, sino pasado el término de ley que el sistema jurídico de ese país aplica a sus importantes secretos de especial reserva.

Nuestro sentido de indignación puede tener varios efectos. Trabajemos para que todos sean positivos para nuestro país, como el buscar las debilidades de quienes pretenden abusar de lo nuestro, y hacer más sólidas y eficaces nuestras fortalezas.

Recordemos que Joe Biden, nuestro visitante, fue acusado en 1988, con pruebas fehacientes, de pronunciar un discurso plagiado a Neil Kinnock, líder del Partido Laborista británico. Y tengamos seguridad en nuestro voto al emitir nuestro sufragio el día de la elección, a favor del desarrollo de los 112 millones de mexicanos.

No perdamos la vergüenza, ni tampoco la patria.

 

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