Los chicos se hacen oír a través de la violencia

Sección:Eve Gil Fecha:9 febrero, 2012
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Entrevista a Stefan Kiesbye/Autor de Al lado vivía una niña

Eve Gil

Con la novela Al lado vivía una niña, del autor alemán Stefan Kiesbye (1968), traducida por Claudia Cabrera, Editorial Almadía inaugura una interesante colección de novelas negras de tamaño bolsillo titulada simplemente “Negra”.

La novela que nos ocupa tiene la peculiaridad de ser un thriller situado en un pueblo sumido en la podredumbre económica y moral de la muy civilizada Alemania, y estar narrada desde la perspectiva de un jovencito de 14 años de edad, llamado Moritz, que nos enseña una lección muy importante: la inocencia no está reñida con el instinto de matar, particularmente cuando se ha vivido en medio de la más cruda violencia.

 

La trama

En la última Feria Internacional del Libro de Guadalajara, con Alemania como país invitado, tuvimos oportunidad de conversar con Stefan Kiesbye, interesante autor que, según se dice, causó una auténtica revolución en su país natal con la publicación de esta novela.

“Para mí es muy importante la experiencia de la violencia —señala el autor—, pero verla más allá, y en esta novela está llena de significado, pues los personajes más jóvenes están en estado salvaje: no reciben cariño ni el cuidado que necesitan, cuando más lo necesitan, y la violencia es su mundo de enfrentarlo.”

“Pienso —prosigue— que sólo un adolescente sería capaz de leer textualmente la experiencia de este pueblo. Los adultos mentirían, y los niños no estarían enterados de que está sucediendo algo grueso, y para mí era mucho más interesante narrar desde el punto de vista de alguien que no se atreve a emitir juicios, y es por lo que el lector; un personaje que tiene la cualidad poética de no ir más allá, de contemplar sin dejar de ser fiel a sus emociones.”

A juzgar por las alusiones tan familiares a Bo Derek (la actriz de Diez, la mujer perfecta) y Agnetha, la vocalista del grupo ABBA, la historia transcurre en la década de los setenta, cuando el autor era un niño, algo más joven que su protagonista.

“No es autobiográfica. Pero recuerdo lo doloroso que resultaba entenderlo todo, incluso mejor que un adulto, aunque no saber qué hacer al respecto porque nadie te hace caso. Para los chicos la única forma de hacerse escuchar es la violencia y yo tengo mucha simpatía por los adolescentes… ¡a los demás los odio! (risas) Todo mundo crece en circunstancias atroces y es difícil descubrir quién demonios eres.”

Le comento al autor de Al lado vivía una niña, que mientras leía su novela, lo único que me remitía a Alemania eran los nombres de los personajes. Esta historia, estos personajes, le digo, bien podrían situarse en Tijuana, por ejemplo, estas niñas tan precoces sexualmente, más por rebeldía contra sus madres hipócritas que otra cosa, estos niños que se ven forzados a demostrar una y otra vez que son “hombres” y terminan desfigurando al que los atacó primero, el tipo del rastro que huele a muerte y sangre y fanfarronea con el arma con que mata a los animales.

Me explica Kiesbye: “Tendemos a pensar en un primer mundo, en un tercer mundo, pero incluso hay partes como Detroit que están peor que el tercer mundo, con casas destruidas, carros chocados, pobreza muy notoria, y te preguntas: ¿qué le pasa a este mundo? Y aunque Alemania es un país muy desarrollado, hay partes donde la gente ha sido excluida del «milagro económico», y la violencia contra los débiles es definitivamente universal: es un problema de la pobreza. En todo el mundo hay gente luchando por sobrevivir y no es para nada extraño que el débil se vuelva violento.”

Moritz crece intuyendo que en el sagrado seno familiar suceden cosas inimaginables entre sus padres y otro matrimonio de la colonia, y su hermana, que parece haber visto “algo”, exhibe un comportamiento en extremo sexuado, al grado de invitar a su hermano pequeño a cometer incesto.

“De alguna manera la hermana, aunque contaminada, es el único personaje que tiene un gesto bondadoso con Moritz —señala Kiesbye— y hace algo moralmente cuestionable, pero lo hace porque quiere ayudar a su hermano. No creo que Moritz sea tan inocente, después de todo. Lo que lo hace diferente es enfrentar las cosas de un modo moralmente distinto, y aunque sabe que lo que hace no siempre es bueno, no hace gran cosa por enmendar sus errores.”

 

Actividades en Los Angeles

Actualmente, Stefan Kiesbye vive en Los Angeles e imparte talleres y cursos de escritura de ficción en la Loyola Mary Mount y en la Universidad de California, pero escribe en su idioma nativo. Aunque como cuentista ha acumulado una enorme experiencia, ésta es su primera novela y su primer roce con los lectores mexicanos.

“Antes de publicar este primer libro, colaboré muchísimo en revistas y antologías. Mi género de cabecera es el cuento, pero Alemania es posiblemente el país donde más prejuicio existe sobre el género, pese a la gran tradición con la que cuenta. En Estados Unidos, en cambio, es muy valorado. Lo malo es que allá los libros de cuentos son monotemáticos, y yo escribo sobre temas muy diversos, lo mismo sobre un accidente automovilístico que sobre unos niños en China, y esa es la razón por la que no he podido lograr que me publiquen mis cuentos compilados en un libro”.

Stefan Kiesbye acaba de publicar su segunda novela en Alemania, misma que aparecerá el próximo año en Estados Unidos, “y espero que en México también”, agrega, dirigiéndole una mirada juguetona a Guillermo Quijas, el jovencísimo propietario de Editorial Almadía.

www.trenzamocha.blogspot.com

 

 

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Stefan Kiesbye/Autor de Al lado vivía una niña
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