Inquietud política en los dos Sudanes

Sección:Internacional, Internacional al dia Fecha:25 febrero, 2012
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Gabriel Fernández Espejel

Las disputas territoriales entre Sudán y Sudán del Sur continúan captando la atención internacional desde su separación en julio de 2011. Aún cuando los dos países firmaron un acuerdo de no agresión en febrero de este año, la tensión se mantiene. La región intermedia de Abyei, rica en hidrocarburos, todavía no ha llevado a cabo el referéndum en el que se votará si se adhiere al norte o al sur, lo que implica que no se tiene un convenio definitivo para la repartición de las reservas petroleras.

El Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, ha reiterado su preocupación ante el lento avance en las negociaciones entre ambas naciones en temas de pago de derechos por el hidrocarburo, de uso de oleoductos y de aprovechamiento de la infraestructura exportadora, debido a que Sudán del Sur –que concentra la mayoría de los pozos– requiere de las instalaciones de su vecino del norte para poder vender el oro negro en el exterior.

Asimismo, persisten disputas en temas migratorios, el establecimiento definitivo de la frontera y del apoyo que reciben diferentes grupos militares por parte de los gobiernos. Panorama que ha supuesto la continuidad de los ataques violentos en la franja divisoria y la reciente interrupción en la producción petrolera.

La división del país más grande de África supuso el fin de décadas de una guerra civil que costó la vida de alrededor de 1.5 millones de personas; sin embargo, nuevos retos se vislumbran en el horizonte sobre todo para Sudán, que enfrena la pacificación de la región de Darfur, para lo cual el gobierno de Omar al-Bashir ha propuesto la Autoridad Regional de Darfur, a fin de poner fin a una guerra que suma más de nueve años, y poder compensar a los afectados y desplazados.

Pero las últimas noticias son poco alentadoras, la captura de las fuerzas de paz de la ONU a manos de los rebeldes en esta provincia evidencia las dificultades y fricciones que prevalecen.

Por otro lado la nación enfrenta lo que unos llaman la propagación de la “Primavera Árabe”, brotes de inconformidad empiezan a ser más visibles, mediante los cuales diferentes grupos de activistas se manifiestan en contra del mandato de Bashir, que se extiende a más de dos décadas.

Aún cuando las demostraciones distan de la fuerza que tuvieron y que tienen otros movimientos en África del Norte y Medio Oriente, suponen un verdadero riesgo para su gobierno, que tras la secesión del sur espera que su economía se contraiga en el presente año y aumente el malestar.

El segundo foco rojo a destacar en el Continente Negro es la ya mencionada primavera árabe, que no se circunscribe a Sudán únicamente. Nigeria y Senegal viven ambientes similares. Nigeria acumula una historia de corrupción y de abuso de poder entre sus líderes, prácticamente, desde su independencia de Inglaterra en 1960. Los disturbios en Lagos, su capital, comenzaron tras el anuncio del fin del subsidio a los combustibles el primero de enero de este año, con lo que se duplicaron los precios.

La gente salió a la calle mostrando su malestar con el gobierno del presidente Goodluck Jonathan, al mismo tiempo que grupos extremistas islámicos y católicos se enfrentaban y lanzaban ataques contra la población amenazando la frágil configuración de la segunda economía de África, marcando la división norte-sur.

Los diarios locales han señalado en sus editoriales que el actual escenario en Nigeria pone en duda su frágil unidad y acerca al país a una guerra civil, que recuerda necesariamente la que precedió a la dramática secesión de Biafra. El alza en los combustibles parece ser sólo la mecha que prende fuego a la división del país. El grupo insurgente Boko Harem, que tiene su origen en la región semiárida del noreste, una de las más pobres del país, pelea por mejores oportunidades y sus ataques continúan extendiéndose en el país incrementando el encono con las fuerzas militares nigerianas en su mayoría bajo el control de los cristianos.

El caso de Senegal es diferente, a partir de su independencia ha contado con instituciones sólidas, es de las pocas naciones africanas que no ha experimentado un golpe de Estado y el actual gobierno está vigente desde 2000. No obstante, la decisión de la corte que permite al actual presidente Abdoulaye Wade contender por tercera ocasión por el mandato, así como el dictamen que emitió contra el cantante Youssou N’dour que le prohíbe contender por la presidencia por errores en el llenado de algunos formatos, ha desatado múltiples manifestaciones y la división de la gente.

Senegal parece estar lejos de la primavera árabe, pero cerca de divisiones internas y de perder los avances democráticos e institucionales que conservaba. Asimismo, no se puede ubicar a Nigeria en el escenario libertario que hay en África del norte ni compararlo con Sudán. Pero, en ambos casos sobresalen disrupciones internas y disputas territoriales.

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Focos rojos en África subsahariana
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