DF: ciudad de luz y basura

Sección:Articulistas, Contexto Fecha:14 enero, 2012
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Corrupción, falta de planeación e ineficiencia administrativa

Alfredo Ríos Camarena

Relata Bernal Díaz del Castillo que cuando don Diego de Ordaz avizoró desde el Popocatépetl la Gran Tenochtitlan, fue enorme su asombro frente al colorido y el espectáculo maravilloso de la ciudad lacustre, la Gran Tenochtitlan, capital del Imperio azteca. Así empezó la narrativa para el mundo occidental de esta formidable capital, centro cultural urbano y mágico del nuevo continente.

A lo largo de la historia, la ciudad fue tomando distintas formas y expresiones arquitectónicas, que le dieron mayor lustre y estética; así, se construyeron las grandes iglesias y edificaciones que propició la Colonia; muchos años después, la influencia fue el diseño parisino donde el porfiriato recogió los elegantes palacios franceses, como ejemplo de las nuevas construcciones que habrían de realizarse; las hoy colonias Santa María la Ribera y la Juárez constituyeron el espacio propicio para darle una nueva fisonomía que habría de recoger el majestuoso Palacio de la Reforma, a los mismos Campos Elíseos.

Tiempo más tarde, bajo los gobiernos de la Revolución, se realizaron las grandes obras de infraestructura; por ello, serán recordados algunos regentes de la Ciudad, en el México contemporáneo, como Ernesto P. Uruchurtu, constructor del drenaje profundo y quien llenó de flores y jardines la hermosa iudad de México; Alfonso Corona del Rosal, quien introdujo el metro; y Carlos Hank González, que desarrolló los ejes viales. El espacio urbano del Distrito Federal fue magnífico, se convirtió en un centro cosmopolita de primer orden: restaurantes, hoteles, trazos bien realizados y control férreo del uso del suelo.

El pasado sábado 9 de enero de este 2012, se inauguró, tarde y mal, la Estela de Luz, con 16 meses de retraso y con un costo superior al 300% de lo programado; símbolo, no del Bicentenario, sino de la corrupción, de la falta de planeación y de la ineficiencia administrativa; su inauguración se adelantó 24 horas, para evitar la protesta ciudadana, debido a que no motiva el orgullo citadino, sino que recuerda la incapacidad y la ineficiencia.

Desde que se decidió, hace ya mucho tiempo, que ecológicamente era necesario cerrar el Bordo poniente, se pudo haber planeado el destino final de la basura, así como su recolección, transporte y transformación, pero no fue así; una vez más, la ineptitud del gobierno ¾ahora electo¾ de la ciudad de México, se equivocó, y en su afán de construir rápido y mal, convirtió este tema en una verdadera vergüenza nacional; junto con esto, la construcción del segundo piso del Periférico ¾concesionado a empresas privadas, al igual que los parquímetros¾, ha venido constituyendo un dolor de cabeza, que habrá de agravarse con el túnel proyectado por debajo de la Fuente de Petróleos. El proyecto de la Supervía poniente no sólo ha afectado los intereses de miles de ciudadanos, sino de forma grotesca, el control urbano de la ciudad. El uso del suelo en este gobierno ha sido verdaderamente equivocado y corrupto; los favorecidos no han sido los pobres, a quien se dicen representar, sino a los desarrolladores empresariales, que están amasando fortunas incalculables a costa del equivocado diseño arquitectónico y urbanístico de la ciudad; todo en aras de una publicidad eficaz, pero politizada. La inseguridad, la falta de agua y el daño ecológico son permanentes e irreversibles; por eso, es bueno recordar que los tan criticados gobiernos priistas sí mantuvieron los paradigmas urbanos que requiere la ciudad de México.

Por todo ello, la ciudadanía va a reflexionar con mucho cuidado su voto en las próximas elecciones de julio, pues son los habitantes del Distrito Federal los más politizados, y entienden y saben que, más allá de la publicidad estrambótica, está la solución de los grandes problemas citadinos.

Este año, las elecciones para jefe de gobierno deben tener un nuevo rumbo, y la única opción viable es el regreso a una administración que sepa recoger las verdaderas necesidades de quienes aquí vivimos.

La ciudad de México se ha convertido en la ciudad de una Estela de Luz, que nos recuerda la falta de capacidad y la opacidad; y la mala administración de la basura no sólo provoca daños a la salud, sino que implica la falta de plantación y de desarrollo.

Así pues, ni el PAN ni el PRD han podido darle a los ciudadanos del Distrito Federal las expectativas fundamentales de un destino mejor.

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