Que se abran IFE y Tribunal Electoral

Sección:Articulistas Fecha:8 octubre, 2011
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La anhelada equidad no existe

Por Raúl Cremoux

Algo anda mal, muy mal en la legislación electoral que lleva al Tribunal Electoral a sancionar a los posibles organizadores así como a los partidos políticos que quieran realizar un debate. ¿No está en la esencia de la democracia el diálogo permanente?
El actual código electoral, reformado en concordancia con las malas tripas que expuso la clase política después de la última elección presidencial del 2006, nos ha llevado a encajonamientos que revelan que estamos metidos en un saco de exageraciones. Al querer ofrecer equidad en los comicios, se ha llegado a un galimatías. Los precandidatos no pueden ejercer actos de promoción personal porque son considerados como avances de campaña; bueno, algunos, ya que hay otro, Andrés Manuel López Obrador, quien tiene formalmente diez años recorriendo el territorio promulgando su credo y en los medios sus llamados a votar por él bajo el signo del PT; otros llevan cuando menos tres años y medio. ¿Eso es pre o campaña abierta?
Por su lado, los que eran siete y ahora tres aspirantes panistas se las tienen que arreglar para que otros les organicen mítines, reuniones, cenas o desayunos en donde puedan exponer sus ideas o al menos frases hechas y eslogans propagandísticos. Entre ellos ya no pueden reunirse a discutir para no dar lugar a un debate franco, claro y determinante.
El absurdo es tan grande que despertó al hombre de las botas para recomendarle al IFE que no estorbe. No es quién para decirlo, pero refleja el sentir de muchos que quisiéramos ver y participar en la fiesta de los planes y proyectos. Vivimos tiempos en los que sería muy sano que los aspirantes, simples ciudadanos que quieren ser abanderados y más tarde sentarse en la silla del águila, nos dijeran quiénes son y lo que se proponen hacer si es que llegan a sentarse.
Sabemos bien que la anhelada equidad no existe. Nacemos iguales según el formato bíblico, pero tantito que apuremos, nos damos cuenta que unos nacen con la cola más larga que otros. Y ése es el caso de los políticos. Todos tienen amigos e intereses que se manifiestan de mil maneras; todos al llegar al jardín de niños comienzan sus precampañas; los hay que se demoran y la inician en la sociedad de alumnos y los más atrasados en su primer año de escuela superior o empleo en la corporación privada o en el gobierno. Ninguno, del signo que sea, espera a que alguna autoridad electoral le dé el banderazo de partida.
Hoy deberíamos estar desmenuzando quién es esa señora que escribió el libro Dios mío, ¡por favor, hazme viuda! ¿Para qué quiere enredarse en algo tan vertiginoso?
¿Y Marcelo Ebrard? Bien podría meterle todas las ganas a sus propuestas y dejarnos respirar al salir a la calle y poder circular razonablemente. Manlio Fabio Beltrones y Enrique Peña Nieto nos podrían hablar concretamente de sus divergencias y de sus muchas coincidencias.
De López Obrador ya sabemos todo, pero esa misma ampliación de espacios lo obligaría a salir de su muy obsoleto lenguaje y acartonada actitud de acicatear a los olvidados.
El IFE y el Tribunal Electoral ganarían en respetabilidad y confianza si de la legislación electoral seleccionaran lo mejor, lo más rescatable, que es tomar como bandera el espíritu democrático y libre que tanta falta nos hace.

cremouxra@hotmail.com

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