Crisis insondable

Sección:Articulistas Fecha:29 octubre, 2011
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Paliativos, vieja receta mexicana

Por Jorge Carrillo Olea

Sí, aunque parezca un caso de exageración o de criterio  personalista, todavía es insondable la profundidad de la crisis en la que nos encontramos y sus diversas consecuencias. No sabemos hasta dónde llegará en el tiempo y en sus efectos. Menos aún cuál debiera ser la receta mágica que ofrezca un planteamiento político, jurídico y operativo para su paulatina reducción. Si esto no se acepta en sus términos, difícilmente alcanzaremos una solución. Serán otra vez paliativos, simulaciones: La vieja receta mexicana.
Sí, hay conciencia sobre que el futuro presidente y su grupo enfrentarán un caos de difícil referencia en la historia moderna del país. No la hubo en las crisis financieras y sus desastres con  Luis Echeverría y José López Portillo, ni en la política de Gustavo Díaz Ordaz por graves que nos parecieran y lo fueron. Tampoco en la lucha entre caudillos del callismo o cardenismo. Hoy y mañana estaremos confirmando el ver fuerzas oficialistas cada vez más en clara derrota ante varios frentes criminales de probada fuerza, iniciativa e imaginación. Quizá sean siete los cárteles identificados,  pero en la realización de sus crímenes están multiplicados ad infitum. Poseen una elasticidad de la que carecen las fuerzas oficiales
Ante esto último la sociedad ha estado reaccionando pasivamente. Algunos grupos en su lógica y posibilidades han huido y puesto a salvo sus vidas y fortunas. La enormidad se encierra en la  perplejidad, en la incertidumbre sobre el futuro y su esperanza se desvanece. Es una sociedad dolida y necesitada de convocatoria, de guía y protección. Esto además del momento que vivimos, está enraizado en nuestra idiosincrasia.
Es previsible que el cambio de gobierno se dé en un ambiente enrarecido, resultado de energías negativas desatadas durante la campaña por el propio presidente para impedir el libre juego de los partidos y mantener el suyo en el poder. La situación económica expresada en la pobreza extrema y el desempleo pueden agravarse por la inestabilidad internacional y, es motivo de esta nota, la desarticulación social es ya un hecho.
Muy difícil será la recomposición del estado de derecho, la justicia y un derivado proyecto de gobierno si no se conduce  con gran pasión, imaginación y vigor a la sociedad hacia un nuevo estado anímico, de solidaridad y compromiso. Sólo con la base y energía de la sociedad podría llevarse a cabo la labor de reconstrucción. Nada menos demanda el país. Demanda que cada mexicano ponga su potencial personal bajo el interés de la urgencia  general, como parte indivisible del todo que es el país.
El primer gran escollo por allanar es aceptar la profundidad de la verdad, llegar a tal determinación demanda de un diagnóstico profundo, detallado, auténtico, científico, totalmente confiable para diseñar sobre él una legítima aptitud nacional, política, económica y social antes nunca consagrada a un fin de tal magnitud y urgencia.
Este complejo ejercicio pareciera ser que aún no se está haciendo. Cualquier gobierno por sí solo no puede superar los grandes problemas de disgregación nacional, resultado del desgobierno, de la ruptura del estado de derecho, de sus resultantes y de la exclusión económica y social. Hay una demanda: Se hace necesario un “pacto social” fortísimo entre gobierno y los diferentes sectores de la sociedad civil.
El autoritarismo, el personalismo, el bonapartismo están excluidos en esta fórmula. Ahora como nunca tenemos que demostrarnos que éste es nuestro propio país, encendernos, unirnos y lograr nuestra reafirmación, nuestra persistencia. Pero éstas sólo pueden alcanzarse con una inquebrantable unidad.

hienca@prodigy.net.mx

…Suspensivos. “Desde lo alto de estas pirámides…” se oyó decir en la sede del PRI, cuando todos los ex presidentes reunidos exculparon, aclamaron y apoyaron a su actual guía por sus desvíos y quizá corrupciones como gobernador.

Entre ellos había un ex procurador general de la República. ¡Explíquele eso a algún joven!

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