Europa, a punto de sucumbir

Sección:Reporteros Fecha:16 julio, 2011
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Resurgen fuerzas del nacional-socialismo

 

Regino Díaz Redondo

Madrid.- Se oyen los gritos exultantes por todo el país… “A la toma de la Moncloa… defensores de la familia, de las buenas costumbres, luchemos contra los subversivos antisistema. No permitamos que los rebeldes, alborotadores y vagos quieran alterar el orden.  Desde nuestros púlpitos políticos, sembremos la semilla del orden, de tolerancia cero y no aceptemos acampadas ni el deterioro de las instituciones respetables con ideologías trasnochadas…”

Así que, con paso de ganso, los doctrinarios de la fe en el enjuage financiero, las transnacionales, los bancos y las agencias calificadoras desfilan por las calles guarecidos en sus automóviles de alta gama, al son de las Trompetas de Jericó.

Al mismo tiempo, sus súbditos enarbolan banderas neodemocráticas con los símbolos de siempre, el yugo, el águila negra, la cruz gamada y suástica. Han llegado a España los redentores y tienen delegados en muchos otros países europeos.

¿A qué se debe tanto jolgorio? Mañana, los adalides del alzamiento militar de Francisco Franco festejarán el 75 aniversario de su proeza. Por varias partes del país se realizarán actos para celebrar al salvador de la patria, pacífico hombre de Estado, defensor de las buenas costumbres y enemigo de fusilamientos y asesinatos.

El caudillo que entró a la península desde Marruecos escoltado por guardias moros, será recordado con ceremonias civiles religiosas y merecidos discursos porque es el digno autor del inefable lema “España una, grande y libre”.

Al mismo tiempo, el Partido Popular corea en todos los espacios posibles, a la sombra de los rincones del Valle de los Caídos, en el Congreso de los Diputados, en sus conferencias de prensa, en medios de comunicación afines (que son muchos y a cuál más radical), este gobierno (el socialista) ha muerto. Cuanto antes quieren el bastón de mando y conseguir saldar las heridas casi mortales infringidas al pueblo soberano.

Mientras, las convulsiones en Europa son cada vez más grandes y duraderas. Las tres hermanas del rating acaban de calificar como bonos basura los activos de Portugal e Irlanda. Grecia aún no recibe el dinero para su rescate. Los miembros de la Unión Europea se reúnen en “sesiones extraordinarias” que resultan tan normales como tomar el sol en verano.

La banca sigue reacia a contribuir al rescate de los países afectados. El euro pierde color, tiene menos peso, se mantiene aún a flote pero está exhausto. Las bolsas suben y bajan a merced de los designios de quienes tienen en su poder el 90% de las operaciones. La prima de riesgo en España rozó los 340 puntos que es el diferencial entre el bono alemán y el español.

La vicepresidenta económica, Elena Salgado, se atreve a hacer bromas como la siguiente: “Mal de muchos, consuelo de tontos”. Esta frase la emitió hace poco durante el pleno de los ministros de finanzas en Bruselas.

Las tres hermanas

Pese a que se conforma ya un núcleo importante para detener los caprichos o los augurios de Mood’y, Standard & Poors y Fitch, apenas estamos en el inicio de una reacción tardía para frenar a quienes compran y venden países como si fueran pelotas de futbol.

Es inusitado ver cómo los especuladores se mueven a sus anchas y llenan de cadáveres las funerarias financieras a su libre albedrío.

Europa está otra vez más en peligro de sucumbir. Camina peligrosamente por la cuerda floja y el fantasma de su desintegración aparece en el horizonte.

Pero, esperen, es tanto el barullo que ya se me había olvidado: acaban de poner en tela de juicio, además de a Italia, de la que ya hemos hablado, a Bélgica, un país que lleva casi un año sin gobierno, pero que parece que quienes gobiernan son las agencias que irresponsablemente desparraman el miedo en todas las esferas sociales.

Abogados de aquí y de allá, representantes de naciones del continente, organismos serios y analíticos aún están desconectados entre sí. Se han presentado querellas contra las consultoras en la Audiencia Nacional “por alterar los precios en los mercados en beneficio propio y de sus clientes” y también por sus “comportamientos criminales”.

Jean-Claude Trichet, director del Banco Central Europeo, ha sido crítico y dijo que las tres hermanas “tienen una estructura oligopólica”.

¿Cómo responden las mencionadas señoras? Pues déjenme ponerles un solo ejemplo en el caso de España: “Si nos molestan mucho, dejaremos de calificarla”, lo que supondría la caída de los mercados nacionales y, según los dueños del poder, propiciaría la bancarrota económica del país.

Lo menos que podría hacerse de inmediato sería exigir a las intocables agencias que presenten junto con la calificación el análisis de por qué lo hacen con datos y señales. Pero ni eso hemos logrado.

En este río revuelto europeo renace con fuerzas el nacional-socialismo. Sus representantes salen de los armarios en que estuvieron escondidos en espera de la revancha. Porque es el momento de aplicar prácticas del pasado, evitar revueltas y movimientos libertarios.

Sin embargo, todos sabemos que la derecha, la derecha de la derecha española y sus contertulios nunca han hecho una revolución ni la harán. Se aprovechan de la desidia de los regímenes socialdemócratas y su ineptitud y desean presentarse como redentores de todos los males.

Si por estos señores fuera las campanas de las iglesias tocarían a rebato. Los pregoneros pueblerinos con su ancha faja a la cintura y al mediodía tocan ya el tambor para reunir a la gente como antaño: “… por orden del señor alcalde, ¡que soy yo!, hago saber que vuelve la paz…”

Nadie niega que hay intentos de manifestaciones de inconformes, de la izquierda dividida como siempre. Son bastantes, pero insuficientes.

Renace, cara al sol, el fervor de los símbolos insultantes, abundan las banderas rojigualdas de la dictadura y las sotanas de la jerarquía clerical aprovechan para respaldar esta euforia.

España

La próxima visita del papa Benedicto XVI origina que la aristocracia eclesiástica salga a las calles y solicite ayudas económicas en sobre iguales a los que envían los partidos políticos para su propaganda electoral.

Pequeñas luces aparecen, sin embargo, en el firmamento político. Alfredo P. Rubalcaba, candidato del Partido Socialista Obrero Español al gobierno de España, acaba de dar una lección de congruencia e inyectó un estímulo agradable en su único discurso, hasta ahora, como aspirante a reemplazar a José Luis Rodríguez Zapatero.

En una sola intervención, Rubalcaba dejó claro parte del programa de su partido, cosa que no ha podido hacer Mariano Rajoy en sus siete años en la oposición.

Por ejemplo, el ex vicepresidente primero expuso que “hay que reformar el sistema electoral para que todos los partidos sean tratados con el mismo rasero, no como ahora que la ley que los avala va en detrimento de la real democracia. Es el momento de crear tasas a los bancos sobre sus beneficios para impulsar el empleo, cobrar impuestos a las grandes fortunas, olvidar la crispación y el sectarismo. No se privatizará la sanidad”. Y entre líneas abre la posibilidad de apoyar el establecimiento de una agencia europea de rating para mitigar la presión que ahora ejercen las tradicionales estadunidenses.

Este alentador mensaje de don Alfredo se nubla con una intervención posterior e inmediata de Rodríguez Zapatero quien al referirse a lo afirmado por el candidato, dijo que “el gobierno no se propone crear nuevos impuestos”.

Hizo una pausa, sonrió… y satisfecho de su broma o de lo que él considero un doble sentido político, sentenció: “Claro, otra cosa es el programa y la plataforma del PSOE”.

Don José Luis, vamos, hombre, ¿qué no es usted el presidente del Partido Socialista Obrero Español? No se burle. En este país hay gente seria y muy adolorida. Hay muchos que sufren la crisis y el agravamiento de ésta por su lentitud en la toma de decisiones.

Si se va, como ya lo dijo, hágalo pero sin irritar más a la población que dejó de creer en usted.

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